Resiliencia y Resistencia: la diferencia entre Materiales y Personas
Por qué no deberíamos pedir a nadie que resista indefinidamente sin revisar la Carga, el Contexto y los Límites del sistema.
Por María Luisa (Suca) Baldor.
Psicobióloga y Directora de PsicoAcademy
La palabra Resiliencia se utiliza demasiado, provocando muchas confusiones
Aparece en las empresas, en escuelas, dentro de las familias, en discursos sobre liderazgo, o charlas de salud mental.
Pero cuanto más se repite, más riesgo corre de perder precisión.
A veces se utiliza para nombrar una capacidad humana valiosa; otras, para exigir a las personas que soporten más de lo razonable, sin cambiar las condiciones que las están dañando.
Por eso me gusta volver al origen físico del concepto y compararlo con la Ingeniería de materiales.
En ese campo, la Resiliencia no es una virtud moral, ni una actitud positiva. Tampoco es una llamada a “aguantar” lo que sea.
En Ingeniería, la Resiliencia es una propiedad relacionada con la capacidad de un material para absorber energía ante una deformación y recuperar su forma cuando cesa la carga, siempre que no se haya superado su límite.
La Resiliencia no significa Resistencia Infinita
Un material puede deformarse y volver a su estado inicial si la carga se mantiene dentro de ciertos límites, pero si la presión es excesiva, repetida o prolongada… el material colapsa y se deformará permanentemente.
Por eso ningún Ingeniero diseñaría un puente confiando únicamente en que el material “sea resiliente”.
El Ingeniero primero estudia las propiedades del material, cuántos vehículos pasarán por encima, cómo responderá frente a la fatiga acumulada, y los factores ambientales. Así, se asegurará de no tener que lamentar futuras desgracias.
En Psicología deberíamos imitar esta forma de trabajar que tienen los ingenieros, porque la Resiliencia humana no es invulnerabilidad.
No consiste en salir siempre fortalecido de la adversidad, ni en transformar cualquier dolor en aprendizaje, ni en mantener el rendimiento mientras se está deteriorando todo lo que tienes alrededor.
La Resiliencia es la capacidad de una persona, grupo o sistema para mantener o recuperar un funcionamiento adaptativo después de una adversidad. Y esa capacidad depende de muchos factores, como pueden ser tus recursos personales, la cultura en la que has crecido, o las oportunidades reales para comenzar un nuevo capítulo de tu vida.
El problema del discurso simplista, animando a ser Resiliente
Si alguien te dice, así porque sí: “Tienes que ser más resiliente”, te puede estar causando un profundo dolor, porque está poniendo toda la responsabilidad de lo que te suceda encima de tus hombros.
Y ojo, que también puede ser una frase útil si invita a desarrollar recursos, pedir apoyo y comprender mejor las propias respuestas ante la adversidad.
Pero si no hay un análisis más profundo, el agujero negro puede estar haciéndose todavía más grande:
- En el mundo laboral, hablar de Resiliencia sin hablar de carga, liderazgo, horarios, presión, reconocimiento o recursos… es incompleto.
- En educación, pedir resiliencia a un niño o adolescente sin revisar el contexto familiar, escolar y emocional; también puede ser una forma elegante de no mirar el problema.
- En salud mental, convertir la resiliencia en obligación puede añadir culpa al sufrimiento.
Pedir resiliencia sin revisar la carga es como exigir a un material que no se rompa mientras aumentamos la presión indefinidamente.
Una lectura preventiva de la Resiliencia
La comparación con los materiales nos ayuda a recuperar una idea esencial: la resiliencia no debería utilizarse para exigir a las personas que soporten más, sino para diseñar sistemas que no las rompan.
En una organización saludable, la pregunta no es solo si las personas son capaces de adaptarse a las circunstancias.
La pregunta es qué condiciones hacen posible esa adaptación: claridad de rol, apoyo, autonomía razonable, justicia, descanso, seguridad psicológica, comunicación, reconocimiento y posibilidad real de recuperación.
En una escuela, la pregunta no es solo si el alumnado “aguanta”.
Es si el entorno permite aprender sin miedo, equivocarse sin humillación, pedir ayuda sin quedar señalado y construir pertenencia.
En una familia, la resiliencia no nace de negar el dolor, sino de tener vínculos suficientemente seguros para atravesarlo.
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De la persona Resiliente al sistema Resiliente
La Resiliencia individual importa, sería ingenuo negarlo.
Las personas podemos desarrollar habilidades de regulación emocional, tolerancia a la incertidumbre, o capacidad de pedir ayuda.
Pero estas habilidades no flotan en el vacío. Se desarrollan mejor en contextos que no castigan la vulnerabilidad ni romantizan el agotamiento.
Por eso, cuando en PsicoAcademy hablamos de bienestar emocional, no lo planteamos como un entrenamiento para que cada persona resista sola; sino que lo planteamos como una intervención sobre personas, vínculos y sistemas.
La Resiliencia no consiste en ser un héroe como Batman; es una relación entre capacidades y condiciones.
En ingeniería, si un puente se hunde, no se culpa al material por no haber aguantado una carga excesiva. Se investiga cuál de los márgenes de seguridad han fallado, y se ponen soluciones para que no vuelva a suceder.
Bien, pues en Psicología deberíamos aplicar ese mismo rigor, si queremos resultados consistentes a largo plazo.
Ideas clave para no banalizar la Resiliencia
Una persona Resiliente no es alguien a quien no le afecta nada: es alguien que puede recuperarse mejor cuando existen recursos y condiciones suficientes.
La Resiliencia no es aguante ilimitado, porque toda persona, grupo u organización tiene límites.
E ignorarlos no produce fortaleza; produce desgaste.
La Resiliencia no es responsabilidad exclusivamente individual, porque el contexto puede proteger, pero también dañar.
La Resiliencia se construye también desde las condiciones sociales, laborales, educativas y familiares.
La Resiliencia no es negar el dolor, como si nunca hubiera sucedido nada. A veces implica reconocer el impacto y reorganizarse con apoyo.
La Resiliencia no es una excusa para no prevenir. Si sabemos que una carga rompe un material, no basta con entrenar al sistema para tolerarla. Hay que rediseñar la carga.
Los Materiales y las Personas: en ambos existen límites
La metáfora de los materiales nos recuerda algo muy sencillo y muy incómodo: todo sistema tiene límites. Las personas, los equipos, las familias, y las instituciones.
La Resiliencia es valiosa cuando se entiende como capacidad de recuperación, adaptación y reorganización.
Y se pervierte cuando se convierte en una exigencia moral de resistencia ilimitada.
La verdadera prevención no consiste en pedir a las personas que soporten cualquier carga, sino en construir entornos donde la carga, el apoyo y los recursos permitan seguir funcionando sin romperse.
La resiliencia no debería ser una coartada para exigir más resistencia.
Debería ser una invitación a diseñar mejores condiciones de vida, aprendizaje y trabajo.
Por Suca Baldor


