Vencer una pelea, utilizando el súper-poder de la Empatía

Una noche, un estudiante de Aikido volví a a casa en el metro de Tokio, cuando entró en el vagón un enorme trabajador que venía sucio, borracho, y con ganas de pelea.

El hombre, tambaleándose, comenzó a asustar a los pasajeros gritando todo tipo de insultos. También empujó a una mujer que llevaba consigo un bebé, lanzándola hacia donde se encontraba una anciana pareja, quienes se levantaron de golpe y huyeron hacia el otro extremo del vagón.

El borracho dio unos golpes más y, en su rabia, cogió la barra de metal que se hallaba en medio del vagón. Con un rugido, trató de arrancarla.

 

En aquel momento el estudiante, que se hallaba en plenas condiciones físicas debido a su entrenamiento diario de ocho horas de Aikido, sintió que debía intervenir antes de que alguien resultara herido.

Entonces recordó las palabras de su maestro:

«El Aikido es el arte de la reconciliación, y quien lo considere como una lucha, romperá su conexión con el universo».

«En el mismo momento en que tratas de dominar a los demás, estás derrotado.»

«Nosotros estudiamos la forma de resolver conflictos, no de iniciarlos».

 

Cuando el joven estudiante emprendió su aprendizaje se comprometió con su maestro a no iniciar nunca una pelea, y a utilizar este arte marcial sólo como una forma de defensa.

Ahora acababa de descubrir una oportunidad para poner a prueba su práctica del Aikido en la vida real, en lo que era un caso claro de legítima defensa.

Es por ello que, mientras los demás pasajeros permanecían paralizados en sus asientos por el miedo a aquel hombre enorme borracho, el estudiante se levantó lenta y deliberadamente. Al verle, el borracho bramó:

 

– ¡Ah, un jovencito! ¡Lo que tú necesitas es una lección sobre modales! – y se dispuso a lanzarse sobre el joven estudiante.

Pero cuando estaba a punto de hacerlo… alguien gritó en voz muy alta y divertida: – ¡Eh!

 

El grito mostraba el tono jovial de alguien que había reconocido súbitamente a un querido amigo.

El borracho, sorprendido, se dio la vuelta y vio a un diminuto japonés que permanecía tranquilamente sentado. Debía de tener unos setenta años, e iba ataviado con un kimono.

El anciano sonrió con alegría al borracho y le saludó con un  leve movimiento de la mano y un animoso: – ¡Ven aquí!

 

El borracho se acercó dando torpes zancadas a él, preguntando, con un agresivo: – ¿Y por qué diablos debería hablar contigo?

Mientas tanto, el joven estudiante permanecía alerta. Estaba dispuesto a reducir al borracho en cuanto hiciera un movimiento violento.

 

– ¿Qué has estado bebiendo? – preguntó el anciano con sus ojos chispeantes.

– He bebido Sake, ¡aunque eso no es asunto tuyo!

– ¡Oh muy bien, muy bien – replicó el anciano – ¿Sabes? A mi también me gusta el Sake. Cada noche, mi esposa y yo (ella tiene setenta y seis años) nos bebemos una botella pequeña de sake en el jardín, donde nos sentamos en un viejo banco de madera…

Y luego continuó hablando de un caqui que había en su jardín y de las excelencias de beber Sake en mitad de la noche.

 

A medida que iba escuchando al anciano, el rostro del borracho comenzó a dulcificarse y sus puños se relajaron:

– Sí… a mi también me gusta el caqui… – dijo con la voz apagada.

– ¡Sí! replicó el anciano enérgicamente – . Y estoy seguro de que tienes una esposa maravillosa.

– ¡No! – respondió el obrero – . Mi esposa murió…

Y entonces, sollozando, se lanzó a contar el triste relato de la pérdida de su esposa, de su hogar y de su trabajo. Y se mostró avergonzado de sí mismo.

 

Cuando el metro llegó a su parada y el joven estudiante estaba saliendo del vagón, alcanzó a escuchar cómo el anciano invitaba al borracho a ir a su casa para contarle más detalladamente todo aquello.

Y aún pudo vislumbrar cómo se acurrucaba en el asiento, y apoyaba su cabeza en el regazo del anciano.

Esto es resplandor emocional.

 

 

La historia del japonés borracho en el metro de Tokio que buscaba pelea, y cómo el anciano calmado lo resolvió haciéndole expresar sus sentimientos, es uno de las muchos ejemplos reales que contiene el libro del psicólogo americano Daniel Goleman, «Inteligencia Emocional» (1995).

«Inteligencia Emocional» es una de las obras sobre neurociencia, psicobiología, relaciones en pareja, comportamiento humano desde un punto de vista evolutivo… más difundidas de la historia.