Por qué entrar en cólera pone en riesgo tu vida, y cómo la Inteligencia Emocional puede salvarte

«Habla libremente y revélame tus cuitas;

El fluir de la palabra apacigua el corazón de quien sufre;

Es como abrir las compuertas del embalse, cuando amenaza con desbordarse.»

Fragmento de la novela «Las Intrépidas Aventuras de Robin Hood», escrita en 1883.


 

Seguro que alguna vez has visto a una persona furiosa, y has pensado… «Madre mía, como siga poniéndose así de atacado, ¡le va a dar algo!»

O cuando un amigo estaba sufriendo un pico de estrés porque las cosas no le estaban saliendo como él quería, le has propuesto dar juntos un paseo a la orilla del mar. Porque sabías que esa terapia natural le iba a calmar el estado de ánimo. Estabas convencido de que la conversación contigo mientras ambos escuchabais el suave bamboleo de las olas, le iba a relajar.

Algo en tu interior te decía que ese tono rojizo que estaba tomando su cara no podía ser bueno. Y que, cuanto antes volvieran las cosas a su cauce, mejor iba a ser. Y lo curioso es que estabas en lo cierto.

 

Este instinto natural de alerta que salta en tu cerebro cuando ves alguien cercano en estado de furia, en realidad esconde una verdad respaldad por la ciencia. Es cierto que, cuando está entrando en cólera, se está poniendo en peligro a sí mismo. Y tú solo quieres proteger a tu amigo porque le aprecias.

Es como si le vieras a punto de cruzar un semáforo en rojo, y ves cómo los coches se aproximan a toda prisa. Le agarrarías del brazo con la urgencia de alguien que no quiere perder algo valioso, y sabe que se le puede escapar entre las manos. O le pegarías un grito para ponerle en aviso y que se girara cuanto antes.

Con los estados de ánimo negativos sucede exactamente lo mismo: cada vez que demuestras tu enfado de una forma agresiva estás caminando al borde de un precipicio, aunque en ese momento ni te des cuenta. En los siguientes apartados vas a descubrir el motivo, sabiendo qué importante órgano vital sufre cada vez que el mal temperamento se apodera de ti, qué riesgos a largo plazo estás corriendo si te estás poniendo furioso cada dos por tres, y cómo alargar tu vida con un entrenamiento emocional adecuado. Vamos con ello:

 

La cólera, una de las emociones que más daño hacen a tu corazón

En los años 90 un grupo investigador de Medicina en la Universidad de Stanford se propuso averiguar el impacto que tiene la cólera en la actividad cardíaca. Cuando los pacientes relataban los incidentes que les habían hecho sentirse furiosos, la eficacia con que su corazón bombeaba sangre cayó un 5%, llegando hasta el 7% de pérdida de capacidad. Este es uno de los indicadores clave – en términos sanitarios se llama fracción de eyección – para predecir insuficiencias cardiacas.

El resultado fue sorprendente porque la pérdida de fuerza del corazón no ha sido constatada en otras situaciones incómodas, como la ansiedad o el ejercicio físico. Es decir, que la ira es una de las emociones que más estropean el órgano que envía la sangre hacia la cabeza, brazos y piernas. Esa caldera que distribuye la energía por tu cuerpo, sufre desgaste cuando te irritas.

Además, ten en cuenta que el estudio se basaba en experimentar solamente el recuerdo de una situación desagradable. Los pacientes confesaban que en el momento de la acción, se sentían mucho más rabiosos que al recordarla. Su corazón sufría un mayor perjuicio cuando realmente estaban pasando por ese momento de cólera.

 

El corazón va generando las sustancias tóxicas con cada rabieta, el conducto de las arterias se va cerrando, y llega un punto en que la sangre no puede pasar 🛑

El doctor Peter Kaufman explicó con todo lujo de detalles el efecto que causa ponerse furioso:

«Cada explosión de ira aumenta la frecuencia cardíaca y la tensión arterial, forzando al corazón a realizar un sobreesfuerzo.

Estos latidos más violentos que los habituales pueden dar lugar a microdesgarros de los vasos sanguíneos, que favorecen el desarrollo de la placa.»

 

Cuando menciona la placa, se refiere a la acumulación de grasa, colesterol, calcio y otras sustancias que se quedan adheridas a las paredes arteriales.

Estos depósitos se endurecen, estrechan las arterias y reducen el flujo de sangre rica en oxígeno.

La consecuencia en última instancia de acumular placa que se ha endurecido, es derivar en un infarto, O en un accidente cerebrovascular, más conocido como «ictus».

 

La Universidad de Stanford y la de Yale realizaron paralelamente otro estudio sobre más de 1.000 personas que habían sufrido previamente ataques al corazón, haciéndoles seguimiento durante ocho años.

Ambos estudios tuvieron los mismos resultados: los pacientes más agresivos y con más propensión a mostrarse irritados, eran tres veces más proclives a experimentar un paro cardíaco que las personas más tranquilas.

Para más inri, en la Universidad de Harvard preguntaron a más de mil quinientas personas el estado emocional en que se hallaban las horas previas al ataque al corazón que habían sufrido, y la irritabilidad fue la respuesta más frecuente. Con este estudio quedó demostrado que ponerte agresivo duplica las probabilidades de tener un infarto, y que el incremento del riesgo perdura hasta unas dos horas después de que la cólera haya desaparecido.

 

El exceso de placa arterial – causante final del colapso en el sistema circulatorio – no surge de un día para otro, sino que se va acumulando muy poco a poco a lo largo de los años

Según el referido doctor Kaufman:

«La aceleración habitual del ritmo cardíaco y la elevada presión arterial pueden terminar consolidando, en un período aproximado de treinta años, una placa arterial que contribuya a la aparición de un problema de corazón».

 

Piensa en esto como un pequeño corte de papel en el dedo: por sí solo es inofensivo, no te puede hacer nada más que una pequeña herida. Pero si recibieras miles de cortes de papel cada día por todo el cuerpo, morirías lentamente por la pérdida de sangre.

Es lo que le pasa a tu corazón: la acumulación de esas pequeñas heridas invisibles acaba formando la placa que puede terminar matándote.

Es decir, que permanecer la existencia entrando en cólera constantemente, puede acortar tu vida varios años debido a los problemas que más adelante aparecerán irremediablemente.

 

La acumulación de placa arterial no deja circular a la sangre con fluidez. Esto puede terminar derivando en un infarto o en un derrame cerebral. Cada vez que te pones furioso, estás generando un poquito de placa que se adhiere a tus arterias y va haciendo el conducto un poco más estrecho.

 

Una solución basada en el Entrenamiento Emocional para mejorar tu calidad de vida

No pasa nada por enfadarse una vez, o dos veces. Liberarlo cuando realmente hay un motivo perturbador, incluso es saludable. De hecho, existen pruebas de que reprimir demasiado la ira también aumente la tensión arterial.

Lo que realmente genera preocupación es vivir en un estado crónico de cólera, mostrándote agresivo por cualquier cosa que suceda a tu alrededor. Esas personas están comprando muchas papeletas para sufrir un futuro infarto, ya que poco a poco su corazón está siendo maltratado.

Lo bueno es que este hábito puede ser modificado, como tantos otros. Y al igual que puedes ir al gimnasio para mejorar tu físico, comer más sano dejando de lado los ultraprocesados para ralentizar el envejecimiento, o estudiar un máster que te lleve a una promoción en el trabajo; también puedes entrenar tus emociones para controlar estos picos de ira, enfado o cólera.

 

De nuevo la Universidad de Stanford hizo un estudio dirigido a un grupo de pacientes que habían sufrido infartos, con la intención de ayudarles a moderar las actitudes que les hacían proclives a tener mal genio. Este entrenamiento condujo a una disminución del 44% en la incidencia de nuevos ataques al corazón, en comparación con aquellos otros pacientes que no participaron en el programa.

Lo que se pretendía era enseñar los fundamentos de la inteligencia emocional: desarrollar la empatía, confiar en que los problemas se solucionarán, y prestar atención a los síntomas menores de la ira apenas se advirtiera su presencia.

Se les pedía a los participantes hacer el esfuerzo de anotar los pensamientos hostiles en el mismo momento en que se presentaran. Y tratar de interrumpirlos exclamando «¡alto!», intentando reemplazarlos por otras ideas más positivas.

 

Por ejemplo, si vas de camino al trabajo y el autobús municipal se estropea, en vez de ponerte hecho una fiera con el conductor diciéndole lo inútil que es – cuando claramente no tiene la culpa – , búscale una explicación positiva a ese imprevisto. Puedes darle la vuelta y enfocarlo así: «Mejor que se haya roto el autobús, así tengo media hora para caminar hasta que llegue a la oficina, ¡ya tendré hechos 5.000 de los 10.000 pasos que me he propuesto andar todos los días!».

O si has tenido una charla con tu jefe que te ha resultado frustrante porque estabas esperando un ascenso y no te lo ha concedido, ponte en su lugar, y piensa en los motivos que él tiene para no otorgarte todavía el puesto. Así encontrarás motivación para continuar luchando por ese incremento de categoría profesional que tanto te mereces. En vez de echar pestes contra la empresa que te paga un sueldo, y de la que depende tu sustento; una actitud que sólo te llevará a hacerte daño a ti mismo.

Podemos aseverar que el antídoto más adecuado contra la irritabilidad consiste en el desarrollo de una actitud más confiada. Todo lo que se requiere es una motivación adecuada. Y sabiendo que la cólera puede conducirte más rápidamente a la tumba, merece la pena intentarlo.

La Atherosclerosis impide la correcta circulación de la sangre debido a la formación de la placa, como ves en la imagen . La mejor prevención y el mejor tratamiento es llevar un estilo de vida saludable. Tanto en alimentación, como en hábitos, como en mentalidad.

 

Conclusiones sobre los estudios que hicieron en los años 90 las Universidades americanas de Stanford, Yales y Harvard, sobre cómo están relacionados los ataques al corazón con una actitud colérica y agresiva:

 

  • Los picos de ira que sientes cuando se dan ciertas situaciones frustrantes, están alterando tu sistema circulatorio, y están causando daños a tu corazón.

 

  • Una actitud constante de irritabilidad, a largo plazo será muy dañina. Y el riesgo de sufrir un infarto o un ictus, se multiplicará frente a las personas que afrontan los problemas sin alterarse.

 

  • Un entrenamiento adecuado en Inteligencia Emocional, en el que aprendas a empatizar con el resto de personas, a confiar en el futuro teniendo paciencia frente a los problemas, y a reemplazar las emociones negativas por otras positivas; disminuirá el riesgo de sufrir un ataque al corazón o un derrame cerebral.

 

Fuente de información de la que bebe este artículo: Inteligencia Emocional, de Daniel Goleman (1995).